Afuera, las conversaciones, sonrisas y brindis continuaban, y entre ellos estaba Vladimir, de pie junto a una mesa, sosteniendo su copa de champán con una sonrisa estratégica en los labios.
–¿Siguen juntos?– preguntó a su hombre de confianza, que estaba a su lado.
–Sí, Don. Están en la antigua habitación del señor Gregorio. ¿Debo llamarlos?–
–No. No los interrumpas. Déjalos. Esto es aún más perfecto– dijo, sonriendo como alguien que ve sus planes funcionando.
Vladimir recordó la mirada que vio