–¡Cómo se atreve!– Ilda lanzó la tablet contra el suelo con rabia, asustando a las empleadas.
–¡Esa mujercita! ¿Cómo se atreve a traicionar a mi hijo y manchar el nombre de nuestra familia después de todo lo que hicimos por ella y por su familia? ¡Voy a acabar con todos ellos!–
Ilda vociferaba y pronto vio a su marido llegar a la mansión.
–¿Dónde está Alexander?– preguntó preocupada acercándose al hombre.
–Despistó a los guardaespaldas y salió conduciendo como un loco–
–¿Qué? ¿Lo dejaste s