Alexander oyó el ruido seco detrás de él y se giró rápidamente, sintiendo un gran pánico y desesperación al ver el cuerpo de Valentina en el suelo.
—¡Valentina!— llamó Alexander corriendo hacia ella; la tomó en brazos, entró en su habitación y la dejó sobre la cama.
Valentina entreabrió los ojos, aún mareada y con la visión borrosa.
—Quédate aquí, no te muevas, voy a llamar a una ambulancia—
—E-estoy bien— Valentina hizo un esfuerzo y se recostó contra el cabecero de la cama.
—Te dije que no te