—¿De… de qué estás hablando? ¿Por qué me preguntas eso?— preguntó Valentina nerviosa.
Sebastiano soltó una risa seca. —Saliste a hablar con él y dijiste que no era nada importante, pero volviste pensativa y claramente estás pensando en él. Y además, ya te ofrecí mi ayuda para salir de ese matrimonio arreglado, pero sigues inventando excusas para quedarte atrapada en él. Y… aunque me cueste admitirlo, empiezo a ver en ti el brillo que veía en aquella época, pero ese brillo no está dirigido a mí. Así que, si te está gustando…—
—¡No me está gustando! ¡Deja de decir absurdos!— Valentina se levantó nerviosa. —¿De dónde sacas esas tonterías?
Sebastiano soltó una risa breve y sin gracia, sintiendo el pecho oprimirse aún más ante su reacción. Ella claramente estaba empezando a gustar de Alexander; solo era cuestión de tiempo para que ella misma se diera cuenta. Claro, aquello lo hería, lo destruía por dentro, pero era algo contra lo que no podía luchar.
—Déjalo. Volvamos a trabajar— dijo Seba