Francesco miró el vientre de Melissa con desdén.
–No he hecho nada... todavía, pero obviamente no puedes tener a ese bebé, ya he programado un procedimiento y pronto se hará–
–¿Qué? ¿De qué estás hablando?–
–Ese niño lleva la sangre de ese hombre, la sangre de esa familia de criminales, no puedes tenerlo–
Melissa abrazó su vientre y retrocedió.
–¿Estás loco? No puedes obligarme a abortar, ¡es mi hijo! ¡MÍO! Perdí a Gregorio, pero no voy a perder a nuestro hijo también, ¡ese bebé es todo lo que