—Dominic— pronunció el hombre mayor, mirando al más joven, y luego observó a su alrededor.
—¿Vuelves después de años y vienes a invadir y destruir mi casa?—
Dominic permaneció erguido, de frente al hombre.
—Su hijo provocó esto. Siempre se lo dije, y usted siempre supo que algún día se metería en problemas con la persona equivocada, y que cuando ese día llegara, ni siquiera el nombre de su familia lo salvaría—
Don Caetano apretó los puños, nervioso al oír aquello.
—¿Antonio? ¿Dónde está Antonio?— preguntó a los pocos guardias sobrevivientes que estaban arrodillados en el suelo como rehenes de los hombres de Dominic.
—Muerto— informó Dominic con claridad, sin apartar la mirada del hombre mayor.
—¿Q-qué? ¿Tú… tú mataste a mi hijo?—
—Siempre estaré agradecido por todo lo que usted me dio y me enseñó. Pero mi lealtad era hacia usted, no hacia su hijo, que cruzó todos los límites al robar a mi mujer y matar a mi hijo que llevaba dentro de ella— dijo la última parte con rabia en la voz.
Cae