Serena miró a las dos mujeres y suspiró cansada, el día estaba yendo demasiado bien para ser verdad.
–¡Ah, ese vestido es perfecto, es divino, quiero ese, suegrita!– dijo Lorena feliz yendo hacia el vestido de novia en el centro de la sala.
–¡Quita tus manos de ahí!– Serena se paró frente al vestido encarando a la rubia. –Sabes que mis vestidos son subastados, y no vendidos a...– Serena miró a la otra de arriba abajo –cualquiera–
–¿Qué fue? ¿No haces vestidos para vender? Yo estoy aquí para com