Serena miró a las dos mujeres y suspiró cansada, el día estaba yendo demasiado bien para ser verdad.
–¡Ah, ese vestido es perfecto, es divino, quiero ese, suegrita!– dijo Lorena feliz yendo hacia el vestido de novia en el centro de la sala.
–¡Quita tus manos de ahí!– Serena se paró frente al vestido encarando a la rubia. –Sabes que mis vestidos son subastados, y no vendidos a...– Serena miró a la otra de arriba abajo –cualquiera–
–¿Qué fue? ¿No haces vestidos para vender? Yo estoy aquí para comprar, solo di el precio y MI novio tendrá mucho gusto en pagar, solo para verme feliz en el día de NUESTRA boda, que por cierto, estás súper invitada–
Serena soltó un suspiro exhausto. –¿Qué quieren aquí?–
–Ya dijimos, un vestido para la boda de Erick y Lorena, él pidió su mano ayer– respondió Victoria echando un vistazo a las otras piezas como quien no quiere nada.
–¿Qué? ¿Él pidió la mano de esta metida ayer siendo que el divorcio aún ni salió?– preguntó Sindy indignada.
–Es lo que pasa cuando