Alina
El alivio por sentirme segura de nuevo se esfuma tan pronto como llega. Pues el dolor que me hace retorcerme y doblarme en dos, amenaza con el futuro de mi hijo y de mi vida misma. Nuevamente me cargan hasta el sofá de felpa de color rojo vino que se encuentra en el salón de descanso de las brujas.
Leofric hace todo su esfuerzo por ayudarme, e incluso, Sorin aparece con la comida, que, a pesar de llenar mi estómago, no consigue más que darme un poco de fuerzas.
El dolor se siente como una