[Punto de vista de Araya]
La luz de la mañana se filtra por las ventanas de la cabaña, pálida y fría. Araya despierta con el sonido de voces afuera, bajas y urgentes. Su cuerpo todavía duele por sus heridas, pero el dolor agudo se ha reducido a un latido persistente.
Se impulsa cuidadosamente, haciendo una mueca mientras los vendajes se jalan con fuerza. El fuego se ha reducido de nuevo, solo brasas brillantes proyectando luz débil por la cabaña.
Ronan se ha ido. Su silla junto al hogar está vacía.
Las voces afuera se vuelven más fuertes. Araya puede distinguir palabras ahora.
"¿Todavía está viva?"
"Apenas. Los vagabundos le hicieron daño."
"¿Y Ronan la trajo aquí? ¿A la guarida?"
"Aparentemente."
"Eso no es como él. Nunca trae vagabundos a casa."
El pecho de Araya se aprieta. Vagabundo. Eso es lo que es ahora. Una loba vagabunda, sin manada e indeseada.
La puerta se abre repentinamente, y el aliento de Araya se detiene.
Dos mujeres entran a la cabaña, y Araya reconoce a una inmediata