[Punto de vista de Araya]
La orden del Alfa presiona sobre Araya como un peso físico, aplastando sus pulmones y forzando su cuerpo a someterse. Sus piernas tiemblan violentamente, amenazando con ceder bajo ella. Cada instinto le grita que se arrodille, que se incline, que se rinda.
Pero no lo hace.
Araya bloquea sus rodillas y mira fijamente a Jasper, sus ojos azul plateado ardiendo con desafío incluso mientras las lágrimas corren por su cara.
"Arrodíllate, o te destruiré", repite Jasper, su voz un gruñido mortal.
El poder que irradia de él se intensifica, rodando por el patio en olas sofocantes. Los lobos alrededor del círculo caen de rodillas, incapaces de resistir la fuerza de su orden. Incluso los guerreros más fuertes inclinan sus cabezas, sometiéndose a la voluntad de su Alfa.
Pero Araya permanece de pie.
Su cuerpo tiembla. Su respiración viene en jadeos agudos e irregulares. La sangre gotea de su nariz, la tensión de resistir demasiado para que su cuerpo la maneje.
Aun así, no