ADAM
Ayer, cuando salí del cuarto de interrogación, encontré a los niños solos, durmiendo en las sillas.
Llamé al primer hombre que cruzó mi camino.
—¿Dónde está el hombre que estaba aquí?
—No lo sé, señor—contestó y se fue.
Esperé unos minutos, para saber si ese bastardo había ido a la máquina expendedora, pero después de cinco minutos me rendí.
Esperé a que llegara la detective Foreman.
—¿Ha visto a James? —le pregunté en cuanto ella se acercó.
Ella se acercó con semblante serio, le indicó a