HOLLY
—¡Baja esa engrapadora! —gritó James.
—La voy a bajar, pero en tu cabeza, pendejo.
—¡Tenía mucho trabajo!
—¡Metiéndote con esta señora! —señalé a la mujer madura que se apresuraba a abotonarse la blusa.
—No tiene por qué ser tan grosera—dijo la mujer ofendida, tomó su bolso y se fue.
Lo liquidé con la mirada.
—¿Por qué dejaste a mis hijos solo en la maldita recepción a merced de cualquiera?
—Los estaban cuidando.
—Los cuidaron tanto que dejaron que Adam se los llevara, así como así.
—Está