DAKOTA
Retorcí mis dedos en la bolsa, tenernos en la sala de espera era más una tortura vil, un juego cruel.
Con nosotras estaba una pareja, ella estaba a punto de explotar con su enorme barriga y su esposo (quiero pensarlo), estaba tan atento a ella, que parecía que me derretiría el corazón.
Holly estiró su mano para tomar la mía.
—Tranquila.
—Es fácil decirlo—bufé.
Un doctor se acercó a la enfermera de recepción, Holly me apretó la mano, la miré confusa, ella veía al doctor, quien a la vez h