NICHOLAS
Mi padre solía decir:
—Tú eres el mejor de tus hermanos—apenas y sonreía, pero me daba una mirada significativa—, serás como yo.
Esa tarde fue la primera vez que me dio una caricia, revolviendo mi cabello. En ese entonces era un niño de nueve años carente de su afecto paternal, estaba completamente fascinado.
—¿Entonces estás orgulloso de mi?
Él, con ese aire de grandeza, sonrió como si mi pregunta en realidad le hubiese causado gracia.
—Rhodes, cuando te parezcas a mí, estaré orgullo