Al día siguiente Rosalía fue a visitar al señor que salvó, estaba nerviosa, camino detrás del hombre de ayer por el pasillo del hospital. El hombre abrió una puerta para que ella entrara, avanzó lentamente hacia la cama, donde el señor estaba recostado con una mascarilla de oxígeno en la boca, al verla la bajo sonriéndole. “Ven aquí”.
El hombre, aunque era viejo intimidaba con su voz, ella obedeció. “¿Cómo está?”.
El señor tomó levantó su mano acariciando su mejilla, ella se sintió extraña y