40. Una petición amistosa
Regina llegó al auto y no vió a Aron, suspiró volviendo a echar un vistazo a ese lugar, ese dónde estaban enterradas ella y su mamá.
—¿ Nos podemos ir?— preguntó Aron apareciendo de la nada.
La pequeña asintió, se volteó y entró al auto.
Aron parecía alterado, por alguna razón sabía que estaba en problemas, debía decirle a Héctor que Ronal también se encontraba en el lugar, pero también sabía que eso le salpicaría a él también.
El camino de vuelta fue cayado, la pequeña cerró los ojos y se hund