[Layla]
Un trueno hizo vibrar los ventanales de mi apartamento en Usaquén con tal fuerza que el café casi se derrama de mi taza.
Afuera, Bogotá estaba siendo azotada por una tormenta eléctrica monumental. La lluvia no caía; se estrellaba contra los cristales como si el cielo estuviera intentando romperlos. El frío de la sabana se colaba por las rendijas, recordándome que estaba a más de dos mil seiscientos metros de altitud, rodeada de montañas y a un océano de distancia de mi vida anterior.
Mi