REY DE OROS. CAPÍTULO 22. Despacito
REY DE OROS. CAPÍTULO 22. Despacito
Alaric tragó saliva con pesadez, notando cómo aquella presión ardiente descendía hasta su entrepierna y tensaba cada fibra de su cuerpo como si lo preparara para un combate. No necesitaba demasiada reflexión para comprender lo que le estaba ocurriendo: su excitación era evidente, brutal, y Costanza era la causa inmediata, la chispa que lo encendía en cuestión de segundos.
Su mano descendió por la curvatura de su espalda hasta alcanzar el broche del sujetador.