CAPÍTULO 19. Las cámaras, los cristales y la decencia
CAPÍTULO 19. Las cámaras, los cristales y la decencia
Tom se levantó de aquella silla como si lo hubiera picado una avispa en el trasero, y por supuesto que intentó defenderse. Apenas escuchó la palabra “despido” puso cara de ofendido; su corbata parecía apretarle el cuello más de lo normal, y su voz, que solía ser segura y autoritaria, salió un poco estrangulada.
—¡Eso es absurdo! ¡No pueden…! ¡No pueden simplemente votar y echarme así como así! —exclamó gesticulando—. ¡Necesitan una evaluació