Capítulo 05: Una intrusa en el Sur.
Capítulo 05: Una intrusa en el Sur.
La luna brillaba con intensidad durante esa misma noche en el Sur.
Y fue bajo su luz plateada cuando un enorme lobo macho, de pelaje tan negro como la propia oscuridad, y ojos plateados que competían con la majestuosidad de la luna que…
¡SE LANZÓ SOBRE OTRO LOBO!
¡BOOOM!
Un fuerte sonido sacudió el claro cuando, en una fracción de segundo, lo derribó y lo inmovilizó, aprisionándolo por el cuello.
—¡Me… me rindo, Alfa…! —soltó el lobo con dificultad.
Entonces, desde la espesura del follaje, en ese claro cercano a uno de los extensos pantanos del territorio Sur…
Salió una loba de pelaje negro, con un par de hermosos ojos verdes que brillaban como esmeraldas.
—¡ME LO PROMETISTE, AZRICK! ¡Y TODO EL SUR SE BURLA DE MÍ! —rugió la hembra con furia.
La loba adoptó su forma humana, revelando a una joven hermosa, de largo cabello negro y cuerpo esbelto.
El lobo negro se apartó del vencido. Con un simple gesto, el derrotado y otros tres guardianes que patrullaban los alrededores se alejaron de inmediato…
Dejándolos a solas.
—¿Por qué te atreves a interrumpir mi entrenamiento, hembra? —soltó el lobo Alfa con voz grave y gélida, como si ella hubiera cometido una ofensa imperdonable.
La hembra tragó saliva con nerviosismo. Se quedó inmóvil, pero no calló.
—Dicen que… que soy una inútil… que… —sus manos temblorosas se posaron sobre su vientre plano, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas—. Que no soy digna de ser tu Luna. Que cuando seas el Alfa Supremo del Sur… sería mejor que elijas a otra loba.
Él guardó silencio.
Un silencio que Farah sintió eterno…
Hasta que finalmente el enorme lobo tomó su forma humana.
Frente a ella apareció un hombre lobo de casi dos metros, con una musculatura imponente, de esas que harían contener el aliento a cualquier hembra. Pasó una mano por su cabellera negra, ligeramente alborotada por el viento, acomodando algunos mechones con calma arrogante.
Farah no desvió la mirada ni un instante.
Ese macho Alfa de mirada plateada, penetrante, como si pudiera leerle el alma en un segundo, la seguía impresionando como el primer día.
Su corazón latía desenfrenado por él desde que era una niña.
Deseándolo para ella…
Aunque él había nacido con una marca destinada.
Una marca que… ella no poseía.
¿Pero qué más daba?
¡Ninguna hembra del Sur la tenía!
La corona de "futura Luna Suprema del Sur"… estaba vacante… ¡Y sería para ella! ¡Tenía que serlo! Ella se encargaría de eso.
—¿Qué pretendes con estas quejas infantiles, Farah? —arqueó una ceja ese macho imponente, caminando lentamente hacia ella.
El sonido de sus botas negras sobre las hojas secas se detuvo cuando quedó a menos de un metro de ella… su prometida.
Farah inhaló su aroma. Inclinó la cabeza y desvió la mirada, sintiéndose diminuta ante la presencia de un lobo que gritaba sin palabras lo peligroso que era.
—Sabes que la marca del Alfa Supremo aún no se ha desvanecido del todo de mi padre —dijo él, sin suavizar el tono—. Hasta que no desaparezca… mi lugar en el trono peligra. Tengo cosas más importantes en las que enfocarme que tú siendo mi esposa.
Ella levantó la mirada de inmediato, y sus manos se aferraron con desesperación a su camisa negra de manga larga.
—¡Pero, Azrick! ¡Lo juraste! ¡Desde que te salvé la vida! ¡Juraste que yo sería eternamente tu Luna y…!
Las palabras de Farah se detuvieron.
En un parpadeo, él avanzó.
Ella retrocedió.
Puf…
Un sonido leve escapó cuando su espalda chocó contra el tronco de un árbol alto. Sus ojos verdes se abrieron de par en par.
Su corazón empezó a latir como si quisiera escaparle del pecho.
Él apoyó un brazo sobre el tronco, encimándola por completo, y la otra mano le rodeó la cintura con posesión.
—Sé lo que prometí —susurró, con un tono tan oscuro como seductor, un rugido bajo que la estremeció y le hizo arder el rostro.
Farah tembló.
—Azrick… sabes que te amo más que a nada en el mundo… Es solo que… desde que perdí a nuestro bebé… siento que todos me señalan. Se burlan a mis espaldas por no poder resistir tus genes… por sufrir ese aborto involuntario.
Azrick bajó la mirada hacia el vientre plano de ella.
Y luego volvió a mirarla a los ojos.
—Escuché que te has recuperado por completo —murmuró—. Incluso que estás entrenando. Eres una loba Beta fuerte, Farah…
Su mano se deslizó lentamente desde su cintura hasta la mejilla de ella. En una lenta caricia.
—Y por eso… te necesito de mi lado. Eres una aliada importante. Mi Beta, mi futura Luna Suprema.
—Oh… Azrick… —susurró ella, ruborizándose, acercándose más, buscando sus labios, deseando besarlo, cuando…
¡UN BRILLO BLANCO LOS ILUMINÓ POR UN INSTANTE!
Seguido de una explosión brutal.