Capítulo 01: Tu bebé morirá esta noche, Luna.
Capítulo 01: Tu bebé morirá esta noche, Luna.
—¡NO! ¡NO LO HAGAS, POR FAVOR! ¡NO MATES A MI BEBÉ! —gritó Keyla con voz agitada, desesperada, sus palabras quebrándose entre jadeos.
Descalza y envuelta apenas en una bata de seda blanca que se pegaba a su piel por el sudor frío.
Ella retrocedió hasta que la corteza rugosa de un árbol frenó su huida brutalmente.
Un gemido de dolor se escapó de sus labios, pero sus manos, pálidas y temblorosas, se hundieron en su abultado vientre, intentando proteger lo que más amaba en el mundo.
Sus ojos celestes se clavaron en la bestia frente a ella, el miedo congelándole la sangre mientras veía los colmillos afilados reluciendo bajo la luz tenue de la luna.
Frente a ella, una enorme loba grisácea se erguía dominante en sus cuatro patas.
Cuyos ojos dorados no tenían rastro de amistad pasada, solo la emoción de matar presas… tanto a ella… como al cachorro en su vientre.
—Hoy morirás "Luna" —soltó la loba con un tono burlón.
Pero en ese momento, el instinto de madre superó al miedo. Keyla no esperó. Se giró y se lanzó a la oscuridad del bosque del Norte, la bata blanca ondeando a su espalda.
Avanzó con la velocidad y precisión para esquivar los árboles que solo una hembra Alfa de su categoría poseía, a pesar de ser más lenta por su embarazo.
La loba grisácea se quedó observándola alejarse, su cola moviéndose con un matiz de burla… Era inútil.
Nadie de la manada "Colmillos Sangrientos" estaba cerca.
Los guardianes que debían vigilar a su Luna habían desaparecido, eliminados.
La Luna de la manada… no encontraría ayuda. De eso estaba segura.
Así que la loba grisácea avanzó. Aulló anunciando su monstruosa persecución. Mientras a grandes zancadas la siguió.
Y Luna Keyla, seguía corriendo… Con su respiración agitada, con el frío penetrando su piel. Con su loba interior, que por alguna extraña razón… No le respondía esa noche, cuando más la necesitaba.
¿Qué la retenía? ¿Qué maldición se había apoderado de ella?
—¡Kayzer! —gritó Keyla en su desesperación, llamando al único hombre que debía protegerla.
Cuando por un instante le pareció olfatear el aroma inconfundible de ese macho dominante… el olor a pino y a lluvia, el aroma de su amado esposo, Alfa Kayzer del Norte.
—¡MI ALFA, AYÚDAME! —gritó Keyla, dejándose guiar por su olfato hasta que…
¡¡¡BOOOOOM!!!
¡El terreno bajo sus pies se desquebrajó!
La tierra comenzó a ceder en un desnivel abrupto, un abismo que se abría ante ella sin previo aviso.
La fuerza del movimiento la hizo tropezar, perdiendo el equilibrio.
—¡¡¡AAAAAHHH!!!
KEYLA GRITÓ, un grito de terror que se perdió en el silencio del bosque.
¡TRATÓ DE AFERRARSE A UN ÁRBOL, DE AGARRARSE A CUALQUIER COSA, PERO FUE INÚTIL!
Sus dedos resbalaron por la corteza húmeda, no encontraron apoyo.
Terminó siendo brutalmente arrastrada, su cuerpo rodando entre tierra, ramas y rocas, con la piel arañada, el corsé roto y el dolor insoportable.
Pof~
Finalmente… Ella quedó acostada en terreno bajo, liso, a orillas de un riachuelo.
El agua fría le rozaba las piernas, haciéndola estremecer.
El aroma a hierro invadió sus fosas nasales en un instante… Sangre. Su sangre.
Keyla abrió sus ojos lentamente, la vista borrosa, los párpados pesados como plomo.
Se movió con un gemido de dolor, y vio sus manos llenas de sangre, sus brazos con raspones y entonces…
—¡¡AAAY!! —ella hizo una mueca de dolor cuando un punzante dolor la estremeció, un dolor que salió de su vientre y se extendió por todo su cuerpo.
Una contracción fuerte… seguida de otra más, aún más intensa, que la doblegó por la mitad.
—¡No! ¡No, mi cachorro, no… aún no es tiempo de que nazcas… quédate con mamá, por favor! —lloró ella con amargura, sus lágrimas mezclándose con la sangre en sus mejillas, aferrándose a su pancita.
Crank~ Crank~
Un sonido de ramas que se rompen llamó su atención.
Keyla yacía adolorida aferrándose a su pancita de embarazo, entre tierra, golpes y sangre.
La loba grisácea bajó con felicidad elegante la ladera y quedó frente a ella a unos cuantos metros.
—Vaya, Luna. Sí que estabas asustada, ¿verdad? —se burló la loba—. Caíste justo en la trampa que preparé para ti… patética~
Comenzó a acercarse más, lentamente, casi como si fuera una manera de torturarla por placer.
—¡NO! ¡ALÉJATE, MERILA! ¡ALFA NO TE LO PERDONARÁ! ¡ERAS NUESTRA AMIGA! —gritó Keyla, su voz débil pero llena de rabia, de incredulidad por la traición que se abría ante sus ojos.
—¿Alfa? —Merila se detuvo justo frente a ella, su sombra proyectándose sobre Keyla. Ella elevó su pata, sacando sus afiladas garras como cuchillas… que relucían con la sangre que aún adhería a ellas— ¿Crees que Kayzer te va a buscar? Él ya no necesita una Luna que trae un cachorro débil… ¡Hoy yo seré la nueva Luna de Colmillos Sangrientos!
Y en ese instante…
—¡AAAAAHHHG! —una contracciones más fuerte hizo doblegarse temblorosa a Luna Keyla. Un grito de dolor y desesperación escapando de sus labios.
La joven loba de solo veinte años, comenzó a ver borroso. Mientras sentía un espeso líquido caliente deslizarse por su entrepierna, cuando guío su mirada… Vio sangre, mucha sangre.
"¡No! ¡No, diosa, que mi bebé no muera, te lo suplico!"
Pensó antes de perder totalmente la consciencia, su cabeza cayendo hacia un lado, sus ojos cerrándose lentamente, mientras la sombra de Merila se acercaba cada vez más.