UNA RENDIJA DE LUZ EN MEDIO DE LA PENUMBRA.
—¡Detente Luthzer! —exclamó Nahe, uniéndose al lamento de Anastasia, y enseguida cruzó el umbral.
—¡La única forma de impedir esta matanza es que me lo entregues a él! —exigió Luthzer, señalando al otro ser que era idéntico al padre de Adrián.
—Alyan no se unirá a tus filas. Por más daño que me hagas —le dijo Nahethis; los ojos de Luthzer se volvieron más diabólicos.
—Alyan, ¡mira lo que has hecho conmigo! Soy esto, soy oscuridad, muerte, peste, los jinetes del Apocalipsis ¡La destrucción de un