EL TERROR SE APODERA DE MÍ.
—He querido hablar contigo, muchacha, y si no me equivoco, sé que tú también has querido hacerlo conmigo.
—Es cierto Padre —no me contuve y dejé salir mi temor ante el párroco. Sabía que era un hombre de fiar, un hombre de fe en quien Rodolfo había depositado toda su confianza.
—Habla, Estefanía —me pidió.
—Padre, sé que lo que voy a decirle parecerá una locura —le advertí.
—Ponme a prueba, pero antes quiero saber cómo está tu relación con Elizabeth, sé que no es agradable.