EL DOLOR DEL RECHAZO.
—¡Cállate! —me gritó Eva sin dejarme hablar —¡No tienes palabra, eres un cobarde! —su rabia iba en ascenso.
—No fui yo quien suscito este compromiso, debes entenderlo; tampoco soy un cobarde, y precisamente por qué no lo soy, es que te confieso mi verdad.
—¡Será tu verdad, porque mi verdad es diferente Adrián Álamo! —. Ya las cosas se estaban saliendo de control. Eva comenzó a llorar tan alto que me había dejado asombrado; era la reina del drama. Ricardo y Lucía al escuchar los lamentos de su h