—Debo dar unas instrucciones en la cocina, así que no tardo; ya luego me contarás tu pesar, cuando tengas más confianza, pero déjame decirte que no todos somos iguales —aseveró Mariana. Cuando ya estaba dispuesta a retirarse algo la detuvo, acto seguido comenzó a mirar alrededor del cuarto. No pude evitar sentirme asustada, sus ojos se veían diferentes, lejanos, como si entrara en un trance; sentí que miraba a alguien con una gigantesca fuerza; yo intuía también una extraña sensación; definitiv