Réquiem 11:
"Nunca aprendemos, ya hemos estado aquí antes"
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Giré el cuerpo lentamente, dejando que el taburete rotara sobre su eje hasta quedar de frente a la persona que acababa de hablar. Al hacerlo, el mundo exterior —el ruido, la música, los gritos de la gente— se desvaneció, quedando solo un eco sordo.
Me topé de golpe con una cascada de rizos negros e indomables que le caían sobre el rostro, ocultando parte de sus ojos pero dejando ver el brillo de una mirada oscura que parecía