Gaia
Bajé a buscar a Conan a la oficina acompañada de Mika y la señora Mirla que sostenía a Rhea en brazos. Me pareció un poco extraño que Conan haya cerrado el enlace; me imagino que las cosas se pusieron intensas entre los Alfas y lo hizo por ese motivo. Al llegar, mi corazón palpitaba con una inquietud que no podía explicar. Al tocar, esperamos por un segundo a que alguien nos abriera.
Al abrir la puerta, mi corazón se detuvo por un segundo: era el Alfa Rhaegar que conversaba con mi suegro, el señor Gourus.
Aunque me puse un poco nerviosa, entré junto con la señora Mirla y Rhea, mientras Mika nos esperó educadamente afuera. Tanto Rhaegar como el señor Gourus me miraron fijamente, pero la mirada de Rhaegar me hizo estremecer; me recorría con un deseo evidente, una mirada hambrienta y posesiva que me desnudaba en medio de aquel silencio.
— Lamento interrumpir, solo venía a ver a mi compañero —dije con voz firme, aunque por dentro temblaba—, pensé que se encontraba aquí…
— N