Gaia
Han pasado cinco días desde que llegamos a la cabaña y, sinceramente, siento que han sido los más felices de mi vida. Desde aquella noche en que Conan y yo nos entregamos por completo, nuestro vínculo ha florecido de una manera que me corta el aliento.
De día, el mundo parece perfecto. Pasamos las horas jugando con Rhea, conviviendo como nunca lo habíamos hecho; somos, al fin, la familia que siempre debimos ser. Pero cuando cae el sol y la puerta de nuestra habitación se cierra detrás de