Gaia
El sonido de los pájaros es tan reconfortante que, por un instante, logro olvidar el peso en mi pecho. Cierro los ojos mientras el aire fresco de la mañana golpea mi rostro, trayendo consigo el aroma del bosque y la promesa de un nuevo día. De pronto, mi vientre comienza a agitarse con una fuerza inusual.
— Oh cariño, ya has despertado —le susurro a mi hijo con ternura. Siempre que escucha mi voz se tranquiliza, como si mis palabras fueran un bálsamo para su pequeña alma impaciente, per