GOURUS
Cabalgábamos de regreso a la manada, el estruendo de los cascos de los caballos golpeando la tierra seca rítmicamente, como un tambor de guerra que marcaba nuestro avance bajo un cielo plomizo que parecía asfixiar las montañas. El aire estaba cargado de una tensión que se podía palpar; no era solo el cansancio del viaje, sino algo más profundo y oscuro que flotaba en la atmósfera, una vibración que parecía emanar de las raíces mismas de los árboles. Veníamos conversando sobre lo que nos