--Muchas gracias su majestad… sabía que podía contar con ello…--falso, todo era falso, ese “su majestad” no era más que una burla de su parte, una manera de poder burlarse de mí, maldita seas ante los dioses—puedo ver que usted se llevaba muy bien con el príncipe, de hecho, me siento algo mal, pero los vi en el jardín hace un rato…
Mis mejillas se tornaron de un carmesí, en lo que por ese momento, por ese leve segundo, olvide por completo el hecho de haber estado a la defensiva y un estado de v