Elara, una vieja amiga

Di un pequeño suspiro e intente que aquella brisa helada lograra tranquilizar un poco mi corazón que latía como un loco desbocado y mi cara roja que sentía como quemaba mis mejillas, estaba tan avergonzada, tan completamente sorprendida, yo había reaccionado de la manera más extraña posible, no podía creer que de la nada yo solo estuviese dejando que él moviera mi cuerpo a su voluntad, además sus palabras, por los dioses yo no soy así, jamás había mostrado ningún tipo de reacción a ningún lobo,
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