Kara golpeó el pestillo de la ventana con la palma de la mano y lo empujó hacia arriba de un solo movimiento.
Entró el aire frío.
Tras ella, la puerta del apartamento se abrió de golpe.
No miró atrás. Mirar atrás era la muerte. Pasó una pierna por encima del alféizar, sintió la rejilla metálica de la escalera de incendios engancharse en su pie y se impulsó hacia abajo mientras el sonido de botas pesadas resonaba en el destrozado suelo de su sala.
«¡Ahí está!»
Corrió.
La escalera de incendios te