—Casi no lo reconocí —dijo Elena—. Sinceramente. Llevo veinte años revisando documentos de la Fundación y este casi se me escapa porque no parece nada.
Lo colocó sobre la mesa entre ellas.
Kara lo examinó.
Una sola página. Mecanografiada. El formato de comunicación interna de la Fundación que Elena le había explicado por teléfono era un sistema específico de encabezado y código de referencia utilizado para acciones que requerían autorización superior a la de Devonte.
Once líneas.
Eso era todo.