Blake llegó veinte minutos después.
Entró por la puerta de la cafetería con la caja bajo el brazo y la expresión de un hombre al que le habían dicho que algo era urgente, pero no le habían dicho cuál era la urgencia, y aun así había decidido estar presente.
Dejó la caja sobre la mesa.
Miró a Kara.
A Xavier.
—Dime —dijo.
Ella le contó.
El cliente. Los archivos de Conrad. El mensaje.
Se sentó lentamente.
No por la edad.
Por el peso específico de saber que aquello que creía terminado tenía una pie