DE QUÉ LADO IBA A PONERSE.
El aire en la zona de retención del palacio estaba cargado de desesperación y angustia. Rania notó como Mahir la metió en un cuarto, que apenas tenía una cama individual, pero que parecía un desierto.
Y antes de que él se fuera, ella se giró con el eco de sus propios sollozos que llenaban el espacio mientras luchaba por comprender la traición que se tejía a su alrededor.
—Mahir, por favor, tienes que creerme. Alguien quiere destruirnos, a mí y a mi hijo. No puedo se