CAPÍTULO 38. El espíritu de un samurái
CAPÍTULO 38. El espíritu de un samurái
Retrocedo tambaleándome contra el auto. Mis piernas no responden bien. El aire es frío y se me mete en los pulmones de golpe. Mi cuerpo está engarrotado como si me hubieran enviado de golpe al peor momento de mi vida, y quizás así sea, porque la voz de Devon basta para eso.
No quiero mirar, pero mis ojos se mueven hacia ese infeliz, que está tirado en el suelo, con los ojos muy abiertos y el rostro desencajado porque no puede imaginar que alguien haya golp