Mundo ficciónIniciar sesiónLa brisa mediterránea arrastraba el aroma a jazmín y sal marina hasta la terraza del hotel, pero Dmitri apenas lo percibía. Permanecía de pie junto a la balaustrada de hierro forjado, con la mirada fija en el horizonte donde el azul del mar se fundía con el cielo. Las últimas palabras de su madre resonaban en su mente como un eco pertinaz que se negaba a desvanecerse.
"No eres mi hijo."
Cerró los ojos y apretó los puñ







