Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz matutina se filtraba a través de las ventanas del Ayuntamiento de Ginebra con esa claridad suiza que parecía lavar incluso los rincones más oscuros. Liam ajustó el nudo de la corbata por tercera vez en cinco minutos, un gesto inconsciente que no pasó desapercibido para Igor, quien observaba desde el banco de mármol con esa expresión impenetrable que había perfeccionado durante décadas de operaciones encubiertas.
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