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Comienzo a ponerme nerviosa cuando Cole no es capaz de prender la llama del mechero, lo que hace que me desespere más que de costumbre, si es posible.

Saca un poco la lengua, de ese modo que indica que está concentrándose.

—¡¿Quieres darte prisa?! —le espeto con exasperación al mismo tiempo que miro por encima del hombro con impaciencia.

—Coño, no sabes lo difícil que es esto —refunfuña.

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