25

Me siento en la cama con una toalla que cubra mi desnudez y comienzo a farfullar maldiciones por no tener más ropa interior, y porque seguro que la que llevaba ayer sigue empapada por haber pasado la noche en el suelo. Comienzo a desesperarme y aseguro que no es agradable verme con uno de mis fortuitos ataques de nervios.

Ni siquiera he traído el coche, donde al menos suelo tener ropa en el maletero. Y para mejorar las cosas, en este preciso momento Sam sale del bañ

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