La camisa de Alistaír que ella usaba era bastante cómoda, le llegaba hasta por los muslos y dejaba ver sus piernas blancas. Sonrió mientras encontraba gracioso tener el color de piel como un «chocoflan», así le decía su abuela Sadie. Realmente era clara de color (no tan pálida) pero con los efectos del sol existían partes de su piel que estaban cafés y parecía ser morena. Aunque eso jamás le importo, realmente no la tenía muy preocupada excepto cuando estabas en la casa de un griego super sexi y elegante que salía con mujeres de un solo tono de piel y delgadas.
Remojo sus pies en la piscina y suspiro, esperando a Alistaír, quien estaba en una charla de negocios con su asistente. Mirando el agua cristalina, no dejaba de sacarse de la cabeza que alguien más vivía allí y él se lo omitió a propósito. No tenía sentido, era ropa de una mujer adulta y el cuarto parecía usarse con habitualidad, dado el desorden. No sé imaginaba a Alistaír dejando algo así a menos que fuera de otra persona.
Y