—Ya... —me removí para liberarme de sus brazos, aunque deseaba más, al final de cuentas me dejaría con ganas y no es tan buena idea ahora mismo—. Tengo que ir a ver el pastel y cosas de esas —dije para mí, comenzando una lista mental.
—¿Nos vemos para almorzar y así podemos terminar esto?
Su mano se metió entre los pliegues de la toalla, tocando mi vulva, acariciándola tan despacio que me volvió a encender y yo, en mi propio deseo salvaje lo empuje contra la puerta del armario para bajarle los pantalones y acariciar con la yema de mis dedos su duro músculo que fue tomando longitud, busque sus labios para besarlos con fiereza.
—Espera.
Antes de darle rienda suelta, ví que tomo unos condones del armario, se lo colocó. Tuve que evitar una risa para no decirle que ya era innecesario; él opto por cargarme para comenzar a follarme, brincando en el aire para profundizar esas embestidas rápida que gritaba en su oído que me diera, mordiendo su cuello y lamiendo su piel, robando en él