—Ya... —me removí para liberarme de sus brazos, aunque deseaba más, al final de cuentas me dejaría con ganas y no es tan buena idea ahora mismo—. Tengo que ir a ver el pastel y cosas de esas —dije para mí, comenzando una lista mental.
—¿Nos vemos para almorzar y así podemos terminar esto?
Su mano se metió entre los pliegues de la toalla, tocando mi vulva, acariciándola tan despacio que me volvió a encender y yo, en mi propio deseo salvaje lo empuje contra la puerta del armario para bajarl