Viajar en el Jet privado de Max, definitivamente tenía que ser la cosa que más le estaba gustando de ser oficialmente la señora Vasilakis. Claro que no pensaba decírselo a él, probablemente heriría su ego al ella pensar que eso era lo mejor y no el estar casada con Max. Aunque si establecían prioridades, en definitiva ser su esposa se ganaba el premio a «Ventajas de ser la señora Vasilakis». Como no tenía nada que hacer en ese largo viaje, además de escuchar música, leer libros y ver películas