Y vaya que su actuación le estaba gustando. Lo miró con sus bellos ojos azules abiertos muy en grande, pero sus gestos lo eran todo, aunado a que era rubia y le creencia estereotipada que tenían de las rubias, daba un efecto bastante creíble:
—Pero, cariño, ¿no es esto una excelente coincidencia? ¡Acabamos de casarnos! —exclamó con alegría, y se tapó la boca con las manos, dejando ver el enorme anillo de bodas: un zafiro bordeado de piedritas de diamante, luego se abaniqueó el rostro como si tu