57. Ese bebé no es mío
El ambiente en la mansión Dubois era tenso.
Marcella llevaba días sintiéndose mal. Los médicos le habían recomendado reposo absoluto, pero ella insistía en seguir pendiente de los negocios de su padre.
Estaba decidida a no mostrarse débil, a no dar la imagen de una mujer vencida, aunque el cuerpo ya no le respondiera igual.
A sus cuatro meses de embarazo, los dolores eran cada vez más frecuentes.
Y desde hacía días, su mente no descansaba. Giovanni no la buscaba, no respondía sus mensajes. Ni siquiera fingía interés.
Su padre había intentado tranquilizarla: “Todo volverá a su curso cuando nazca el heredero, hija. Los Accardi no se apartan de su sangre.”
Pero en el fondo, Marcella sabía que algo había cambiado.
Giovanni ya no la miraba igual.
Esa tarde, mientras revisaba papeles en el estudio, recibió un correo electrónico de su padre.
Lo abrió con curiosidad y se quedó sin aire.
Era un documento adjunto: los resultados del análisis genético que él había ordenado semanas atrá