36. Por favor... vuelve conmigo
El convoy de los Volkov y los hombres de Máximo llegó al almacén abandonado en las afueras de la ciudad como una sombra que engullía la noche.
Máximo revisaba su pistola, recargaba otra y luego se inclinaba para mirar la pantalla del GPS.
—Están en la zona industrial, ya están detenidos —confirmó—. Están moviéndose, pero despacio. Probablemente esperan refuerzos o están preparando un intercambio.
—No habrá intercambio —gruñó Vladimir—. No hay negociación.
Máximo lo miró de reojo.
—Sabía q