34. Cruel, desalmado... y mío
El hospital tenía ese olor penetrante a desinfectante que quemaba la garganta y dejaba un sabor metálico en la lengua. Alessia llevaba horas caminando de un lado a otro del pasillo, incapaz de quedarse quieta, incapaz de dejar de mirar la puerta donde Giovanni descansaba conectado a máquinas.
Skyler seguía dentro, sentada al lado de su hermano. Ella no se había movido desde que terminó de donar sangre, cosa que le sorprendió. Su hermano fue un cabrón con ella.
Alessia agradeció que fuera Sky