33. Sangre por sangre
La noticia llegó como llegan las tragedias: de golpe, sin anunciarse, desgarrando la estabilidad que Alessia apenas empezaba a reconstruir.
Su teléfono vibró a las seis de la mañana, un sonido agudo que perforó el silencio de la mansión Volkov. Ella abrió los ojos lentamente, aún envuelta entre los brazos de Vladimir. Él dormía profundamente, la respiración pesada, el pecho subiendo y bajando contra su espalda. Durante un segundo pensó dejar sonar el teléfono hasta que se detuviera, pero algo en su pecho se tensó. Una intuición. Una sombra.
Se soltó con cuidado y tomó el celular.
Era un mensaje de su padre:
“Tu hermano… accidente. Ven al hospital. Es grave.”
La sangre se le congeló.
El teléfono casi se cayó de sus manos, y el sonido seco que hizo al golpear la alfombra despertó a Vladimir.
—¿Qué ocurre? —preguntó él, incorporándose de inmediato. Tenía ese tono alerta, el que usaba cuando la vida de alguien pendía de un hilo.
Alessia tragó con fuerza, sintiendo que la voz se le