3. Hueles diferente
Alessia despertó con un sobresalto. No sabía si era por la ansiedad acumulada de la noche anterior o por la sensación de que algo se movía dentro de ella desde que la familia Volkov la observó como si fuera un intruso en su territorio. Se sentó lentamente en la cama, masajeando sus sienes, cuando escuchó la vibración de su teléfono.
Un mensaje.
El nombre no aparecía; solo un número desconocido que ella ya reconocía demasiado bien.
Clase a las 11. No llegues tarde, preciosa.
El pecho le dio un pequeño vuelco.
Era él.
Su “maestro”.
El mismo hombre detrás de la máscara.
El hombre con quien perdió su virginidad.
El secreto que jamás podría salir a la luz.
Se levantó con rapidez, se duchó, se vistió con ropa discreta y bajó al comedor tratando de que nada en su rostro revelara lo que sentía. Su familia ya estaba reunida: la abuela Eleonore en la cabecera, Giovanni leyendo correos en el teléfono y su tía comía un pan; el resto de la familia se habían ido antes.
—Buenos días, cariño —dijo la